Guía para comerse Kioto

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Geishas, palacios imperiales, pagodas, callejones, naturaleza y gastronomía. Viajar a Kioto es viajar en el tiempo. La antigua capital tiene tanto por ofrecer que resulta imposible no querer quedarse allí meses y meses, recorriendo hasta el más mínimo rincón de una ciudad que cautiva por la tranquilidad y la paz que se respira por sus calles, con el característico sonido de las cigarras en verano y donde lo antiguo y lo contemporáneo se unen. Y para que la disfrutéis mucho mejor, os proponemos algunos de los mejores sitios para comer en Kioto.

1. Desayunos y meriendas

¿Y hoy dónde desayunamos? Esa es la pregunta más frecuente que nos hacemos cada mañana, y en Kioto la elección no va a ser nada fácil. Desde tortitas súper esponjosas hasta pequeñas tiendas de la estación de tren donde los dorayakis os harán salivar como a Doraemon, pasando, cómo no, por las mejores cafeterías de la ciudad. Como siempre, nos quedamos con ganas de probar más sitios (algunos porque estaban cerrados al ser agosto, otros porque simplemente no nos dio tiempo), pero os garantizamos que en estos lugares podréis empezar el día con fuerza o cargar las pilas en un merecido descanso.

Con dos locales, uno junto a la estación de tren de Kioto y otra en la zona de Fushimi Inari, Kurasu es el lugar perfecto para pedirse algo para llevar y recorrer la ciudad con un buen café o matcha en la mano. Esta cafetería de especialidad os conquistará por su diseño minimalista, el merchandising y, por supuesto, sus cafés, los cuales van rotando con granos de diferentes tostadores, tanto japoneses como de otras partes del mundo. Para los no tan cafeteros también cuentan con matcha, chai, limonada, y galletas y bagels de canela y manzana para comer, aunque esto va variando según el día y la época del año. Por cierto, si sois unos fanáticos del café, a través de su web ofrecen una suscripción para poder probar diferentes tostadores japoneses.

Bueno, bonito, barato. Sizuya es una cadena de pastelerías con más de setenta años a sus espaldas y que cuenta con varias localizaciones repartidas por la ciudad, aunque la más interesante es la que hay en la estación de tren de Kioto, pues os vendrá genial para compraros algo para llevar antes de subir al Shinkansen o a cualquier tren. La tienda es pequeñita y carece de mesas, pero cuentan con una gran variedad de opciones para elegir, tanto dulces como saladas, como el melonpan, anpan, sandwiches de huevo, katsusando…

Se trata de una de las cafeterías más reconocidas a nivel mundial, y de la que se llega a hablar como el próximo Starbucks (dios nos libre), pues cuentan con más de 40 locales por todo el mundo y, según su web, tienen pensado desembarcar en España, donde ya tienen hasta cuenta de Instagram registrada. Nacida en Kioto, %Arabica tiene aquí tres locales de esos que entran por los ojos por su cuidada estética y que, para colmo, están estratégicamente situados por la ciudad, pensados para tomarse un respiro tras pasear por el bosque de bambú, ir de compras por el mercado de Nishiki o perderse por los alrededores del Kiyomizu-dera. El café es tostado por ellos y podréis elegir entre una amplia variedad de orígenes, entre ellos Hawai, donde tienen plantación propia. En lo referente a la carta, no os esperéis mucha variedad, pues se reduce a diferentes opciones con base de espresso, donde llama la atención el Spanish latte (con leche condensada) y la limonada, que os dará la vida si vais en verano.

Como su nombre indica, nos encontramos ante una cafetería-biblioteca situada en en el interior de una impresionante machiya (las casas tradicionales de madera características de Kioto) en la que querréis quedaros a vivir. Allí podréis tomaros un respiro tras un día intenso de turisteo por la ciudad rodeados de libros, repostería casera de su propio obrador, zumos cafés, tés, sandwiches y platos más elaborados para comer o cenar.

¿Ganas de unos donuts? En Kioto os proponemos acercaros a probar los de Koe Donuts, una tienda en la que donuts y grupos de amigos ataviados con yukatas se mezclan creando una imagen la mar de peculiar. Caseros, con más de 40 sabores y propuestas que hacen honor a la palabra foodporn, todos ellos elaborados con ingredientes naturales, locales y delante de vuestros ojos, porque su gran cocina abierta cuenta con una barra en la que os podréis sentar a ver cómo salen estas pequeñas obras maestras. Por cierto, además de por los donuts, la visita es casi obligada para los amantes de la arquitectura y el diseño, pues el espacio corre a cargo de Kengo Kuma (nada más y nada menos que el arquitecto que ha diseñado el nuevo Estadio Nacional de Tokio para los Juegos Olímpicos).

Las fluffy pancakes japonesas están dando la vuelta al mundo. Estas tortitas súper gruesas y esponjosas las podréis comer en A Happy Pancake!, una cadena con locales repartidos por todo Japón donde elaboran sus tortitas caseras con mantequilla de Hokkaido, miel Manuka de Nueva Zelanda, huevos de productores locales y sin levadura ni químicos. ¿Entonces cómo consiguen que sean tan gorditas? Pues siguiendo un proceso de elaboración en el que tardan alrededor de 20 minutos, donde batir bien y cocinarlas a baja temperatura son esenciales para alcanzar la perfección. Además de para desayunar o merendar, cuentan con opciones saladas para la comida. Un consejo, id con calma porque, como os decimos, desde que se piden hasta que las sirven en la mesa pueden pasar 20-30 minutos.

2. Comidas y cenas

Comer en Kioto, como en cualquier lugar de Japón, siempre es una experiencia. Locales pequeñitos, cartas breves centradas en una técnica o producto en concreto que dan ganas de devorarlo todo y llena de platos que probablemente desconocíais por completo (aunque si hacéis nuestra ruta japonesa iréis con una buena base). Quizás una cosa que resulta curioso es la gran cantidad de cadenas que hay por todas partes, pero es que en un país con más de 125 millones de habitantes es normal intentar tener más de un local, sobre todo si el éxito llama a tus puertas. 

Pero antes de entrar en materia, vamos con algunos consejos que os pueden interesar antes de comer: 

  • Por lo general os encontraréis con la siguiente experiencia en vuestras comidas: hacer cola, pedir la comanda a través de una máquina (luego os las explicamos) o al camarero, que además os preguntará cuántos sois. Luego tendréis que volver a esperar en la segunda parte de la cola hasta que sea vuestro turno y, una vez sentados, os servirán la comida casi al instante
  • Las máquinas van a ser vuestro mejor aliado a la hora de hacer cualquier pedido. Puede ser un poco complicado familiarizarse con ellas, pero una vez le pilléis el truco las amaréis. Primero seleccionáis los platos que queréis comer (por lo general, la propia máquina explica el contenido del mismo en perfecto japonés, pero casi siempre suele haber una pequeña guía fotográfica al lado de cada botón o en una carta separada para ayudar) y, una vez decidido, confirmáis el pedido, pagáis y os saldrán una serie de tickets. Esos tickets se los tendréis que entregar al camarero. 
  • El número de personas que sois en el grupo importa mucho. En Japón el orden de llegada es sagrado, por lo que no os sentarán hasta que quede libre un hueco para todo vuestro grupo. Por eso, si viajáis en grupos grandes, lo normal es que os pregunten si no os importa dividiros en grupos de 2-3 personas, ya que se liberará un hueco más rápidamente que esperar hasta que queden, por ejemplo, seis asientos juntos libres. 
  • El tiempo es oro. Frente a las extensas sobremesas que nos pegamos en España, en Japón vas a lo que vas: a comer. Algunos locales dejan claro que tienes un tiempo limitado para comer, y en otros, directamente cuando has acabado empiezan a lanzarte pequeñas miradas para que dejes tu sitio libre y así poder atender a otro cliente. 
  • Hay agua y té en polvo por todas partes (con grifos de agua caliente), por lo que pedir bebida se reduce a una breve selección entre cerveza, sochu o sake si hay disponible. 
  • Las papeleras brillan por su ausencia y aún así las calles están impolutas (debería darnos vergüenza decir esto, pero la realidad es que en España somos muy cerdos), por lo que cualquier cosa que compréis para llevar y genere algún tipo de residuo tendréis que cargar con ella hasta encontrar una papelera donde tirarla. Un truco: la mayoría de máquinas expendedoras tienen una pequeña papelera a su lado. 
  • Id con los deberes hechos con los palillos, porque allí no encontraréis nada más. Es posible que leáis que hay ciertas normas a la hora de usarlos, pero la realidad es que cada uno hace lo que le da la real gana con ellos. 
  • Algunas palabras que hay que aprender a la hora de comer y que le sacarán una gran sonrisa al cocinero o camarero que os atienda: Itadakimasu – Recibo con gratitud. Se dice antes de comer. Gochisosama deshita – Gracias por la comida. Cuando se termina. Kampai! – ¡Salud! 
  • Sorbed haciendo ruido con la cabeza metida dentro del cuenco y levantad el bol con las dos manos hasta beber todo el caldo, o acercaos el cuenco de arroz a la boca para que sea más fácil comer. Solo así seréis auténticos japoneses
  • Por último, disfrutad mirando a vuestro alrededor de la gente comiendo. Pocas veces veréis algo igual.

En la planta once de la impresionante estación de tren de Kioto os espera un mundo mágico de caldos y fideos: el callejón del ramen. Un espacio con nada más y nada menos que nueve puestos de ramen de diferentes regiones de Japón como Kioto, Sapporo, Hakata o Tokushima, y que se convierte en un lugar perfecto para descubrir la versatilidad de este popular plato japonés. Nosotros estuvimos en Ramen Todai (el de la foto del centro), donde elaboran un caldo típico de la zona de Tokushima, a base de cerdo y salsa de soja siguiendo una fórmula secreta; y en Taishoken (el de la derecha), donde el ramen viene con unos fideos más gruesos y perfectos para dippear en el caldo, que se puede pedir aparte.

Si en vuestra lista de cosas que hacer está ir a una barra de kaiten-zushi, o sushi giratorio, debéis ir Musashi Sushi. Aquí encontraréis sushi de razonable calidad, hecho al momento y muy económico (tened en cuenta que en Japón el sushi es un plato de cuidada elaboración que no se come todos los días), por lo que podréis comer tranquilos sin que el bolsillo tiemble. Además, el color de los platos indica el precio que tiene cada pieza, por lo que podréis controlar el gasto.

Situado en Pontochō, uno de los cinco distritos de geishas de Kioto, Ukiya está considerado como uno de los mejores locales de la ciudad para disfrutar del soba casero (fideos finos de trigo sarraceno), en el que se centra su carta. De aquí no os podéis ir sin pedir zaru soba, una versión fría que ayuda a recuperar el cuerpo en los calurosos días de verano. Comer zaru soba requiere además de un pequeño ritual: primero hay que probar el soba solo y con un pelín de sal para apreciar el sabor del fideo; después, en un cuenco separado se mezcla el puerro con un poco de wasabi y el caldo Dashi que viene en una jarra (un caldo base de la cocina japonesa con múltiples variantes y que, en este caso, mezclan con salsa de soja y mirin, vino de arroz), hasta obtener el punto de sabor que más os guste. Por último, cogemos un poco de soba y lo sumergimos dentro del cuenco con la mezcla de caldo para que lo absorba y ¡a comer! Aunque, esperad, porque queda el broche final. Una vez terminéis los fideos, podréis solicitar al camarero que os traiga sobayu, el agua en el que se ha cocido el soba y que se mezcla con el sobrante de la mezcla que habéis preparado para dippear los fideos.

Con localizaciones por todo el mundo, Ippudo es una de esas cadenas de ramen a las que hay que ir en Japón sí o sí, porque no es lo mismo plantarte un bol de ramen en Londres que en Kioto, donde los ingredientes cambian por completo y el sabor que se logra alcanza cotas inimaginables. Con una alargada barra con vistas a la cocina, el espectáculo está más que garantizado. Cucharones que hacen volar el caldo de la olla al bol, el sonido de los cuchillos cortando los ingredientes y esa maravillosa sensación que tienes cuando te plantan el bol delante y solo piensas empezar a sorber los fideos. Su ramen fue uno de nuestros favoritos de todo el viaje.

Con más de 120 puestos y cientos de años de historia a sus espaldas, el Mercado de Nishiki se convierte en una visita obligada para los amantes de la comida callejera, pues se ha ganado el sobrenombre de «la cocina de Kioto». En este estrecho paseo con puestos por todos lados podréis ir saltando de uno a otro picoteando bocados típicos japoneses que os costará encontrar en otras partes de la ciudad. Eso sí, tened en cuenta que está prohibido comer mientras se camina por el mercado, por lo que cualquier cosa que os apetezca probar tendréis que degustarla en el propio puesto en el que lo habéis comprado.

Volvemos a la estación de tren de Kioto (quién nos iba a decir que en una estación se comería tan bien) para visitar una de las mecas japonesas del tonkatsu, el famoso cerdo empanado que tanto nos gusta. Katsukura es una cadena que se caracteriza, además de por lo crujiente por fuera y tierno por dentro que es el tonkatsu que elaboran, porque durante el tiempo de espera podréis prepararos vuestra propia salsa con la que acompañar este riquísimo plato, moliendo las semillas de sésamo y mezclando la pasta con la salsa que más os guste hasta obtener vuestro sabor deseado. Además, la sopa miso, la col y el arroz con el que acompañan sus platos son ilimitados, pudiendo pedir más si os lo habéis acabado.

Toda visita a Kioto requiere de una pequeña escapada a la monumental ciudad de Nara, y para no pasar hambre no hay mejor forma de aprovechar la visita que disfrutar del espectáculo de comer un okonomiyaki recién hecho, aunque mucho ojo porque si vais con mucha hambre esto se puede convertir en una tortura de 10 minutos viendo cómo mezclan y cocinan las diferentes capas. Se trata de un plato típico japonés que se elabora con una gran variedad de ingredientes, por lo que se le conoce como la pizza/tortilla japonesa (y que dominan en la cercana Osaka) que preparan al momento en la gran plancha que hay integrada sobre la mesa. De carne o marisco, ¡cualquiera os encantará!

¡Alabadas sean las máquinas expendedoras japonesas! Conocidas como jidohanbaiki, os despertarán la curiosidad allá por donde vayáis con sus llamativos diseños y las sorpresas que os aguardan en su interior. Os las vais a encontrar por todas partes: pegadas a casas, tiendas o en mitad de la nada cargadas de bebidas para todos los gustos y colores. En estas máquinas encontraréis opciones frías (marcadas en color azul) y calientes (marcadas en rojo) como café, té, refrescos, bebidas con base de yogurt y también os las podréis encontrar con comida en las estaciones. Además, si sois unos frikis de las botellas raras os podréis encontrar con ediciones especiales que se diseñan para cada prefectura de Japón. Un consejo, tened en cuenta que en Japón apenas hay papeleras y que está mal visto, o incluso prohibido en algunas zonas, comer en la calle, por lo que os conviene usar las papeleras que hay pegadas a las propias máquinas.

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