La Lorenza: una señora taberna de Lavapiés

Adentrarse en La Lorenza (C/ Dr. Piga, 3) es meterse de lleno en un pedacito de la historia de Lavapiés. La gran barra metálica que da la bienvenida a antiguos y nuevos clientes y los azulejos azules que decoran su pared ya dan a entender que estamos en un local que, pese a su reciente reforma, cuenta con más de cincuenta años a sus espaldas, porque La Lorenza antes era conocida como el bar San Lorenzo, que, tras la jubilación de sus dueños, ha sido reinaugurado con la intención de homenajear los orígenes de sus antecesores.

Así, La Lorenza se reconvierte en lo que podríamos llamar una taberna neocastiza, con dos espacios que se adaptarán a vuestras necesidades en función del plan. Por una parte está la gran barra de metal, donde irse de cañas o de aperitivo se convierte en algo obligatorio, y por otra el salón de comidas, con una decoración sencilla, luminosa y que invita a pasar horas y horas entre platos, vinos y amigos.

Un recorrido por La Lorenza

Una vez acomodados nos ponemos manos a la obra con el tradicional ritual de mirar la carta y estar un buen rato dudando lo que vamos a pedir. En este caso, La Lorenza puede presumir de tener una carta breve, que va desde los platos para picotear, y que son perfectos para su zona de barra, como la cecina, los quesos al peso (Idiazábal, Mahón, Comté, etc) o las croquetas, hasta otros más contundentes como la oreja a la plancha, la fideuá de rape, el canelón de manitas de cerdo o las gyozas en caldeirada de pulpo con espuma de patata ahumada. Además, conviene preguntar por si tienen algún fuera de carta, que lo mismo os sorprenden con alguna novedad.

En resumen, nos encontramos ante una cocina castiza, sencilla pero con toques fusión en algunos de sus platos, que se adapta tanto para tomar en la barra como en el salón de comida. Pero mejor os hacemos un recorrido por La Lorenza plato a plato.

Croquetas de jamón

Empezamos con las croquetas, porque quizás vosotros seáis capaces de evitar la tentación de pedir croquetas en cuanto aparecen en la carta, pero nosotros no somos de esas personas y siempre caemos rendidos. En La Lorenza las hacen con jamón ibérico y se piden por unidad, lo que os evitará el dilema moral de ver quién se come la que sobra cuando son impares. Aquí las preparan con una corteza crujiente y bien dorada, y con un relleno cremoso con el inconfundible sabor del jamón.

Tortilla de patatas melosa

Pocas cosas son más placenteras de ver que el primer corte a una tortilla melosa, sobre todo ese momento en el que el huevo empieza a bañar el plato y la boca comienza a salivar deseando probarla. Aunque os tenemos que advertir de una cosa: aquí la tortilla no lleva cebolla. Sabemos que este es un debate capaz de romper familias y que está al mismo nivel de si la tortilla debe ir cuajada o líquida, pero a los escépticos en estos temas os aconsejamos darle una oportunidad, y si no mirad ese color anaranjado de la yema de los huevos de gallinas criadas en libertad en Lugo. ¡Pide mojar pan a gritos!

Canelón de manitas de cerdo

Después de los entrantes pasamos a algo más contundente (como si zamparnos una tortilla entera entre dos no lo fuera ya de por sí). De entre las diferentes opciones de la carta al final nos decantamos por otro plato tradicional y que tras probarlo para nosotros es un imprescindible: el canelón de manitas de cerdo, rabo de vaca y setas. Tierno, jugoso y sabroso.

Tarta de queso gorgonzola

El broche final a nuestra comilona en La Lorenza llega con la tarta de queso gorgonzola acompañada de mermelada de arándanos. Mirad que nosotros somos de los que disfrutamos de una tarta de queso sola, sin mermelada ni nada que la acompañe para no empañar el sabor a queso, pero en La Lorenza vamos a admitir que la mermelada de arándanos casa a la perfección con el potente sabor del gorgonzola, ayudando a equilibrarlo.

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